300px|thumb|right|Recreación artística del posible aspecto de un planeta superhabitable. El tono rojizo de las masas continentales se debe al color de la vegetación. 300px|thumb|right|Impresión artística de un planeta superhabitable. Un planeta superhabitable es un tipo de exoplaneta hipotético, similar a la Tierra, que presenta condiciones más adecuadas para la aparición y evolución de la vida que nuestro propio planeta. En los últimos años, un gran número de expertos ha criticado el criterio antropocentrista en la búsqueda de vida extraterrestre. Consideran que la Tierra no representa el óptimo de habitabilidad planetaria en varios aspectos como el tipo de estrella en torno a la que orbita, superficie total, proporción cubierta por océanos y profundidad media de estos, intensidad del campo magnético, actividad geológica, temperatura superficial, etc. Por lo tanto, es posible que haya exoplanetas en el universo que ofrezcan mejores condiciones para la vida, permitiendo que surja con más facilidad y que perdure por más tiempo.
Un extenso reportaje publicado en enero de 2014 en la revista Astrobiology titulado «Superhabitable Worlds», de René Heller y John Armstrong, recopila y analiza gran parte de los estudios realizados en los años anteriores al respecto. Las investigaciones de estos astrofísicos permiten establecer un perfil para los planetas superhabitables según el tipo estelar, masa y ubicación en el sistema planetario, entre otras características. Concluyeron que estos planetas podrían ser mucho más comunes que los análogos terrestres.
Hasta la actualidad, no ha sido confirmado ningún cuerpo celeste (ya sea exo-planeta o exo-luna) que reúna las características para ser considerado un planeta superhabitable, pero se tiene una serie de candidatos. En 2020, los astrónomos, basándose en la hipótesis de Heller y Armstrong, identificaron veinticuatro exoplanetas potencialmente superhabitables. Si la composición atmosférica y masa de Kepler-442b —que son desconocidas— se corresponden con las de un planeta de esta tipología, puede serlo considerando su ubicación en la zona de habitabilidad, tipo de estrella y tamaño estimado.
Características Los múltiples criterios analizados en las investigaciones de Heller y Armstrong, concluyen una serie de características básicas aproximadas que deben reunir los hipotéticos planetas superhabitables. De sus estudios, se extrae que los planetas de unas 2 masas terrestres y 1.3 radios terrestres, contarán con un tamaño óptimo para la tectónica de placas. Además, su masa implicará una mayor atracción gravitatoria, suponiendo un incremento en la captura de gases durante la formación del planeta. Por tanto, es probable que cuenten con atmósferas más densas que ofrezcan una mayor concentración de oxígeno y de gases de efecto invernadero, que a su vez eleven la temperatura media hasta unos niveles óptimos para la vida vegetal —unos —. Su mayor gravedad también puede influir en el relieve del objeto planetario, haciéndolo más regular y disminuyendo el tamaño de las cuencas oceánicas, lo que mejorará la diversidad de la vida acuática, más abundante en aguas poco profundas.
Otros factores a tener en cuenta son el tipo de estrella —las enanas naranjas presentan las mismas ventajas que las estrellas más pequeñas y mayores sin sus teóricos inconvenientes—, la edad del sistema —ligeramente superior a la del sistema solar, dando más tiempo a la vida para evolucionar— y una ubicación más próxima al centro de la zona habitable del sistema, entre otros.
Superficie, tamaño y composición thumb|left|250px|Un exoplaneta con 1.6 R⊕ tendrá un radio similar al de Kepler-62e —segundo empezando por la izquierda—. En el extremo de la derecha figura la Tierra, a escala.
Un exoplaneta con un volumen mayor que el terrestre, un relieve más complejo o una superficie más amplia cubierta por agua en estado líquido puede ser más adecuado para la vida. Sin embargo, puesto que el volumen de un planeta suele guardar una relación directa con su masa, cuanto más masivo sea mayor será su atracción gravitatoria, lo que puede traducirse en una atmósfera excesivamente densa.
Los estudios del equipo de Courtney Dressing, investigadora del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (CfA), indican que existe un límite natural, fijado en 1.6 radios terrestres (R⊕), por debajo del cual casi todos los planetas son cuerpos telúricos, compuestos principalmente de roca-hierro como Venus y la Tierra. Normalmente, los objetos con una masa inferior a 6 masas terrestres (M⊕) tienen altas probabilidades de presentar una composición similar a la de la Tierra. Por encima de este límite, la densidad de los planetas disminuye a medida que aumenta su tamaño, a imagen de los gigantes gaseosos. Además, las supertierras demasiado masivas pueden carecer de placas tectónicas.
Así pues, cabe esperar que cualquier exoplaneta con una densidad similar a la terrestre y un radio superior —próximo a los 1.6 R⊕— sea más apto para la vida. No obstante, otros estudios indican que los mundos oceánicos representan un estado de transición entre los minineptunos y los planetas telúricos, especialmente si pertenecen a estrellas poco masivas —cuyos planetas situados en la zona habitable tienden a acumular mucha más agua—. Aunque los planetas océano pueden ser habitables, la profundidad media de sus masas de agua y la ausencia de tierras emergidas se alejan del concepto de superhabitabilidad sostenido por Heller y Armstrong. Por tanto, aunque los cuerpos planetarios ligeramente más masivos que la Tierra son, en principio, más adecuados para la vida, un tamaño excesivo consigue justo el efecto contrario. Desde una perspectiva geológica, el óptimo para la masa de un planeta se encuentra en torno a las 2 M⊕, así que debe contar con un radio que mantenga la densidad de la Tierra —entre 1.2 y 1.3 R⊕—.
Otro factor de habitabilidad inherente a la superficie que puede mejorar la aptitud para la vida terrestre es la distribución de las masas continentales. En el pasado, supercontinentes como Pangea podían tener vastos desiertos en su interior como consecuencia de la lejanía respecto al mar. Por el contrario, los continentes más separados y los archipiélagos presentan una cantidad mayor de vegetación y de diversidad biológica.
La profundidad media de los océanos también influye en la habitabilidad de un planeta. Las áreas poco profundas del mar, dada la cantidad de luz que reciben, suelen ser más acogedoras para las especies acuáticas, por lo que es probable que los exoplanetas con una profundidad media menor sean más adecuados para la vida. Los exoplanetas más masivos que la Tierra tienden a tener una superficie más regular por efecto de su gravedad, lo que puede suponer unas cuencas oceánicas menos profundas. Por otro lado, los planetas con menor cantidad de agua que la Tierra tienen una probabilidad menor de presentar un efecto invernadero descontrolado si se encuentran en el confín interno de la zona habitable y es menos probable que padezcan una glaciación global si pertenecen al confín externo.
Geología 200px|thumb|right|Impresión artística de un planeta superhabitable. La tectónica de placas, en combinación con la presencia de grandes masas de agua sobre un planeta, es capaz de mantener unos niveles de CO2 constantes. Este proceso parece ser habitual en los planetas telúricos geológicamente activos con una velocidad de rotación significativa. Cuanto más masivo sea un cuerpo planetario, más tiempo perdurará su calor interno, un factor principal que contribuye a la tectónica de placas. No obstante, una masa planetaria excesivamente alta también puede ralentizar este fenómeno a causa de una mayor presión y viscosidad del manto, lo que dificulta el deslizamiento de la litosfera. Las investigaciones sugieren que la tectónica de placas alcanza su máximo de actividad en cuerpos con entre 1 y 5 M⊕, siendo el óptimo una masa aproximada de 2 M⊕.
Si la actividad geológica no es lo suficientemente intensa para generar una cantidad de gases de efecto invernadero que eleven las temperaturas globales por encima del punto de congelación del agua, el planeta puede experimentar una glaciación global permanente, a menos que el proceso sea contrarrestado por una irradiación estelar intensa o por una fuente de calor interno como el calentamiento de marea.
Otro factor favorable para la vida en los planetas más masivos que la Tierra reside en su potencial para desarrollar una magnetosfera mayor que proteja al planeta más eficazmente de la radiación cósmica y, especialmente, de los vientos estelares. Los cuerpos poco masivos y los que presentan una rotación lenta —o están anclados por marea a su estrella— tienen un campo magnético débil o inexistente que en el transcurso del tiempo puede suponer la pérdida de una porción relevante de su atmósfera, sobre todo del hidrógeno, por escape hidrodinámico. thumb|240px|right|El clima de un exoplaneta más cálido y húmedo que el terrestre puede ser similar al de las zonas tropicales de la Tierra. En la imagen, manglar en Camboya.
Temperatura La idoneidad térmica de un planeta para la vida está determinada por su temperatura de equilibrio —es decir, la que correspondería a la Tierra en su lugar— y por la fluctuabilidad de la misma. A lo largo de su historia, la Tierra ha sufrido importantes variaciones de temperatura durante largos períodos, como las superglaciaciones durante el período Criogénico y el calentamiento global que pudo contribuir a la extinción masiva del Pérmico-Triásico. Incluso en nuestros días registra oscilaciones térmicas significativas en función de la latitud y de las estaciones del año. Es posible que los planetas con atmósferas más densas que la terrestre, una distribución más dispersa de sus tierras emergidas y/o menor inclinación de su eje tengan una amplitud térmica menor y estaciones menos pronunciadas. En tal caso, las especies autóctonas no tendrían que adaptarse a cambios de temperatura tan radicales y podrían ser más diversas. El efecto termorregulador del mar quizás suponga unas temperaturas moderadas en planetas oceánicos situados en la zona de habitabilidad de su estrella.
La temperatura de equilibrio óptima para la vida es desconocida, si bien parece que en la Tierra la diversidad animal ha sido mayor en épocas más cálidas. Es posible, por tanto, que los exoplanetas con temperaturas medias ligeramente más altas que las de la Tierra sean más aptos para la vida. Sin embargo, estudios recientes indican que la Tierra se encuentra en el límite interno de la zona habitable del sistema solar, lo que puede perjudicar a su habitabilidad a largo plazo, ya que las estrellas aumentan su luminosidad con el paso del tiempo. Paradójicamente, un planeta superhabitable debe ser algo más cálido que la Tierra y, a su vez, orbitar más próximo al centro de la zona habitable de su sistema. Esto sería posible siempre que su atmósfera fuese más densa y/o tuviese una mayor concentración de gases de efecto invernadero.
Estrella
thumb|left|260px|Posición en la ZH de algunos de los planetas confirmados con mayor IST y temperatura media superficial. El tipo estelar determina en gran medida las condiciones presentes en un sistema. Las estrellas más masivas —O, B y A— tienen un ciclo vital muy corto, abandonando rápidamente la secuencia principal. Además, las de tipo O y B producen un efecto fotoevaporación que impide la formación de planetas en torno a la estrella.