El clan Aycinena fue conformado por los miembros de la familia Aycinena en Guatemala en el siglo , quienes eran ricos comerciantes, descendientes del marqués Juan Fermín de Aycinena, que negociaban directamente con la metrópoli española durante la colonia. Poseían el monopolio comercial y eran beneficiarios de altos puestos en la administración colonial y en la Iglesia Católica.
Tras la invasión del general Morazán a Guatemala en 1829, fueron expulsados de las provincias de Centroamérica, hasta que lograron retornar, luego que el general Rafael Carrera arrebatara el poder a los liberales en Guatemala.
Historia
Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen
200px|miniaturadeimagen|Plano de la mansión Aycinena en la Plaza Central de la Nueva Guatemala de la Asunción.
El fundador del clan Aycinena fue Juan Fermín de Aycinena, proveniente de los descendientes de la realeza de Navarra, de donde emigró al Virreinato de Nueva España, en donde se estableció en el comercio utilizando mulas para transportar mercancías desde la costa hasta el interior del país. Más tarde, disgustado por ciertas medidas del Virrey, vendió su negocio y se trasladó a la Capitanía General de Guatemala, en donde invirtió su dinero en haciendas en las provincias de Guatemala y El Salvador.
Se dedicó a la cosecha de añil, rehabilitando esa industria. Su fortuna creció exponencialmente, y llegó a establecer una entidad bancaria en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala. Tras la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros por los Terremotos de Santa Marta en 1773, el Capitán General Martín de Mayorga lo nombró como miembro de la comisión encargada de la construcción de la nueva capital en la Nueva Guatemala de la Asunción. En reconocimiento a su labor durante la reconstrucción de la ciudad, el capitán general le cedió el flanco sur de la Plaza de Armas en donde construyó edificios comerciales, entre ellos el Portal del Comercio y el Pasaje Aycinena.
Reformas borbónicas
Para 1810, la defensa del Imperio Español estaba en manos de los criollos americanos que tenían fuertes lazos de unión con la península ibérica; en Centroamérica, José Alejandro Aycinena y Carrillo, combatiendo con el grado de coronel junto con José María Peinado, suprimió eficazmente el intento de una sublevación popular generalizada como la liderada por el cura Miguel Hidalgo y Costilla en la Nueva España, y sorprendiendo incluso al Capitán General José de Bustamante y Guerra, representante del absolutismo de Fernando VII en Centroamérica.
Cortes de Cádiz
Entre 1811 y 1816, Aycinena y Carrillo inició una poderosa carrera política que le permitió ahogar las intenciones de los criollos liberales centroamericanos gracias a sus influencias en España, mientras que varios representantes del Clan Aycinena se hicieron con el poder en las intendencias de Centroamérica: El mismo Aycinena y Carrillo asumió la Intendencia de San Salvador en 1811, y luego la dejó en manos de su correligionario, José María Peinado, en 1812, al mismo tiempo que José Piñol y Muñoz se hacía cargo de la Intendencia de Comayagua y el teniente coronel Juan Nepomuceno Batres era nombrado Intendencia de Ciudad Real de Chiapas.
Hacia 1817, los cabildos provinciales de las intendencias mostraban una pujanza que contrastaba con el decaimiento de la autoridad de la Real Audiencia; en esos momento, la figura del intendente y sus dependencias demostraron ser muy eficaces para movilizar a los cabildos criollos en las regiones de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, regiones que habían experimentado una menor presencia de la élite guatemalteca desde que se implmentaron los sistemas de intendencias en 1786.
En 1820, el golpe militar dado a Fernando VII en Madrid obligó a restituir las leyes liberales de Cádiz anuladas en 1814 por el propio rey; esto significaba que los miembros del Clan Aycinena se verían afectados en sus intereses porque perderían el monopolio comercial que ostentaban y el diezmo obligatorio que tenía la Iglesia Católica. Tras la Independencia de Centroamérica, los Aycinena pujaban por mantener su dominio mercantil en alianza con el Consulado de Comercio mexicano, soporto económico del emperador Iturbide.
Independencia de Centroamérica
Tras las elecciones convocadas por el Capitán General Gabino Gaínza, la red del clan obtuvo la mayoría de diputaciones; además, México se independizó de España gracias al general conservador Agustín de Iturbide que dejó en suspenso las reformas liberales y a los miembros del alzamiento rural del cura Miguel Hidalgo y Costilla. Gaínza fue llamado con argucias a México y en su lugar quedó el brigadier general mexicano Vicente Filísola a quien Iturbide envió para pacificar la provincia de El Salvador, que se resistía a la anexión al imperio mexicano por desconfiar del poder del clan Aycinena. Pero en 1823, Iturbide fue derrocado por el general liberal Antonio López de Santa Anna y Filísola tuvo que regresar a México; antes de partir, dado que Fernando VII había retomado el poder en España y esto favorecía a los liberales, convocó a un congreso centroamericano con la esperanza de evitar la guerra entre el clan Aycinena y los criollos liberales del resto de las provincias.
En 1823 se iniciaron las pugnas entre los liberales, conformados por criollos que se sentían explotados por los miembros del clan Aycinena, que tenía el monopolio comercial de la región, y los conservadores, que eran el clan Aycinena y las órdenes regulares.
Damas del Clan Aycinena retratadas por Francisco Cabrera en la década de 1820
Expulsión del Clan de Centroamérica
En 1826 se inició la lucha entre el gobierno federal controlado por Mariano de Aycinena y Piñol y las naciones disidentes de la Federación Centroamericana, quienes fueron dirigidas por varios caudillos, hasta que finalmente tomó el control el general Francisco Morazán que invadió Guatemala y llegó la Nueva Guatemala de la Asunción. Mariano de Aycinena tomó medidas urgentes ante la inminente invasión e incluso su hermana María Teresa -quien era una monja carmelita y era reconocida como una santa mujer que tenía comunicación con Cristo por las autoridades eclesiásticas de la época- aprovechaba los sermones dominicales para predicar que se hiciera lo que su hermano ordenaba y no apoyar a las huestes de Satanás dirigidas por Morazán. El general Morazán tomó la ciudad, hizo capitular al gobierno y luego expulsó a ciento ochenta familias relacionadas con el Clan Aycinena, y a la mayoría de los miembros de las órdenes regulares de la Iglesia Católica. Tras estar recluidas en la Mansión Aycinena y luego en el edificio de la Universidad de San Carlos de Guatemala, las familias del clan tuvieron que salir con lo que tenían puesto hacia Panamá, y sus bienes fueron rematados entre los criollos liberales y algunos mestizos; por su parte, Morazán también despojó a los miembros del partido conservador en El Salvador y Honduras.
Retorno del Clan a Centroamérica
El descontento hacia Mariano Gálvez también crecía ya que sus políticas positivistas chocaban con la opinión de muchos guatemaltecos católicos practicantes, quienes tampoco se adaptaban leyes en el área jurídica y en la administrativa que eran ineficientes para el país.
En 1837 inició la lucha armada contra el régimen de Francisco Morazán, presidente de las República Federal de Centroamérica; Carrera luchó contra quien gobernaba el Estado de Guatemala, el doctor José Mariano Gálvez, liberal al igual que Francisco Morazán. Fue el máximo dirigente de las fuerzas insurgentes, entre las que se encontraban numerosos indígenas. La razón por la que contó con el apoyo de los indígenas fue que el 9 de junio de 1837, el gobierno del Estado de Guatemala había vuelto a implantar el tributo indígena que había sido suprimido desde tiempo colonial por las Cortes de Cádiz en 1820. Los insurgentes empezaron las hostilidades por medio de una guerra de guerrillas: atacando poblaciones sin dar oportunidad de tener encuentros con las tropas del gobierno. Al mismo tiempo, se propagaba la idea de los enemigos clericales de Gálvez, que lo acusaban del envenenamiento de las aguas fluviales para propagar el cólera morbus a la población cuando en realidad las causas eran el crecimiento de la población y la poca capacidad de la estructura sanitaria del país. Esta acusación favoreció a los objetivos de Carrera, poniendo a una gran parte de la población en contra de Mariano Gálvez y de los liberales en general.
Entre sus batallas destacan: la del cuartel de Mataquescuintla; la de Ambelis en Santa Rosa, derrotando al ejército comandado por Teodoro Mejía; la del 7 de diciembre de 1837 en la plaza de Jalapa donde fue derrotado; y el 13 de enero de 1838 donde fue atacada la Guarnición de Guatemala. Algunos de estos hechos militares estuvieron acompañados por lamentables hechos cometidos por ambos bandos, como robos, asaltos, allanamientos y asesinatos a gente indefensa. En particular, el gobierno de Gálvez, al enterarse de que Carrera era el líder de la revuelta, invadió Mataquescuintla y capturó a su esposa, Petrona García, a quien los soldados tomaron por la fuerza; al enterarse Carrera, juró vengar el ultraje hecho a su mujer, y acompañado de ésta reinició la lucha con nuevos bríos. Petrona García, inflamada por el deseo de venganza, cometió numerosas atrocidades en contra de las tropas liberales, al punto que muchos correligionarios de Carrera le temían más a ella que al propio caudillo, a pesar de que Carrera para entonces mostraba ya los rasgos de liderazco y pericia militar que lo caracterizarían.
La lucha había tomado tintes de guerra santa, pues eran los párrocos del clero secular quienes arengaban a los campesinos a defender los derechos de la santa religión y a combatir a los ateos liberales; el propio Carrera había sido educado por el párroco de Mataquescuintla quien lo había instruido en la religión católica en los vejámenes que ésta sufría bajo el poder de los liberales. Otro factor que influyó en la revuelta fueron las concesiones que dio el gobierno liberal de Francisco Morazán a los ingleses —a quienes llamaban «herejes» por su condición de protestantes; en Guatemala se les había dado Belice y la Haciendo San Jerónimo en Salamá —la cual era la propiedad más cara y rentable que los liberales habían decomisado a los dominicos en 1829; el contrabando de artículos ingleses provenientes de Belice había empobrecido a los artesanos guatemaltecos, quienes se unieron a la revuelta de Carrera. Los sacerdotes anunciaron a los nativos que Carrera era su ángel protector, que había descendido de los cielos para tomar venganza sobre los herejes, los liberales y los extranjeros y para restaurar su dominio antiguo. Idearon varios trucos para hacerles creer a los indios esta ilusión, los cuales fueron anunciados como milagros. Entre ellos, una carta fue lanzada desde el techo de una de las iglesias, en medio de una vasta congregación de indígenas. Esta carta supuestamente venía de la Virgen María, la cual comisionaba a Carrera a liderar una revuelta en contra el gobierno.